Eres el ser, la conciencia que toma forma de mundo.
Tú no estás en el mundo. El mundo está en ti.
Tú no naciste ni morirás, todo lo que tiene principio y fin, todo lo que puede ser perdido, encontrado, sentido, pensado, no eres tú.
Tú eres quien observa, percibe y es, inalterable y libre del devenir de aparición y desaparición de las formas. Tú eres el silencio, la quietud que ninguna forma ( pensamiento, sentimiento, emoción, creencia, deseo,..) te define, te limita y te condiciona.
El yo separado llamado ego es el constructo que en el juego del Ser jugando a No ser, por repetición y memoria hizo creer que eras tú. Al decirte que tú eres tu nombre, que tú eres de una determinada manera. Esa manera es la que crees ser es la funciona para sobrevivir, para ser alguien para un otro, para encajar, para obtener de forma indirecta todo aquello que olvidaste que ya eres.
Por tener amor te identificaste en ser complaciente, olvidándote que eres amor.
Por tener reconocimiento te identificaste en ser capaz o incapaz, olvidándote que eres potencia.
Por satisfacer tus necesidades materiales te identificaste en ser productivo, en esforzarte, en necesitar hacer méritos para obtener recompensas, para tener un trabajo, para tener dinero. Olvidándote que eres abundancia, que eres belleza, que eres puro deseo vital en creación.
Por ser alguien: un buen hijo, un buen hermano, una buena pareja, un buen trabajador, un buen amigo, un buen progenitor, un buen ciudadano, una buena persona; te identificaste en una identidad idealizada, que reprime lo que no encaja con ese modelo, y que pretende aguantar esa imagen y que lucha con todo lo que rechaza y que se proyecta en la familia, en el trabajo, en la sociedad. Olvidándote que eres nadie, nada, el testigo, el observador y que no existe otro. Que tú eres el mundo que está en ti.
Si estás descubriendo la verdad que rasga el velo de la ignorancia de quién eres, nos vemos apuntando de regreso a ti.
