Reconocer los errores de percepción, la incoherencia, el drama y comedia del alma, que almacena las experiencias bajo la lógica de supervivencia, evidencia de que hay una desidentificación del programa parasitario del ego, del alma y de dios.
La credulidad, la sumisión por la ignorancia, la anestesia y la sobrexcitación mantienen al común de los humanos en un estado aletargado y estresado, apático e hiperactivo, permisivo y exigente. Si vamos despertando de este engaño, la neutralidad, la coherencia, el proceso de discernir van generando una calma vital y salvaje, una alegría sutil y sin causa.
El sentir genuino va sintiéndose, como el aroma sutil y expansiva de un flor.








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